Los jarrones normales se quedan callados. Los nuestros hablan. Porque cada uno tiene carácter e incluso humor.
Los pequeños jarrones tótem son animales que sostienen una flor. Puedes elegir perro, mapache, gato u oso. Son tan pequeños que caben en tu mano. Su superpoder es la movilidad. Los colocas en el escritorio con una ramita de lavanda y la oficina cobra vida. Los metes en la mochila y te vas de fin de semana: en el piso alquilado todo se vuelve «tuyo». Perfectos para flores silvestres, flores secas o una sola margarita.
Los grandes jarrones silueta son figuras de hombre y mujer de medio cuerpo. No necesitan ramos enormes. Les basta con una o varias flores, ya sean frescas o secas, o incluso la propia jarrón cerámico vacío. Un jarrón con figura así, junto a la puerta, recibe a los invitados como un amigo silencioso. Coloca al lado un candelabro con figura humana (el mismo perfil, pero con una vela en la cima) y conseguirás un díptico.
Y lo más importante: toda la cerámica está hecha y pintada a mano, con alma y el calor de las manos del creador.